La administración estadounidense abrió la puerta al diálogo con Venezuela, supeditándolo a la exigencia de Washington de obtener acceso total a las reservas petroleras del país caribeño.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció una potencial variación en la política exterior de su gobierno respecto a la crisis venezolana, al manifestar su disposición a entablar conversaciones directas con la dirigencia actual de Caracas. La declaración del mandatario marca un giro luego de años de presión diplomática y sanciones económicas destinadas a provocar un cambio de régimen.
Sin embargo, el mandatario estadounidense dejó en claro que cualquier acercamiento estará estrictamente condicionado a la satisfacción de una demanda económica clave. Trump exigió públicamente que Venezuela otorgue a Washington un “acceso total” y sin restricciones a su vasto inventario de recursos petrolíferos.
EEUU advierte a Diosdado Cabello si no colabora con la transición en VenezuelaLa exigencia de acceso al crudo pone en evidencia que el interés estratégico de la Casa Blanca sobre el país sudamericano se enfoca prioritariamente en el control de la energía. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, un activo crucial en la geopolítica global y un elemento de presión fundamental en las negociaciones.
Aunque Trump no identificó de manera explícita a su interlocutor, el mensaje está dirigido a la cúpula que hoy detenta el poder en Caracas. La posibilidad de diálogo plantea un desafío inmediato para la administración venezolana, que debe evaluar ceder soberanía sobre su principal fuente de ingresos a cambio de un eventual levantamiento de sanciones internacionales.
Analistas internacionales señalan que la propuesta, más que un gesto de apertura, funciona como una herramienta de máxima presión. La condición impuesta por Washington establece un límite muy alto para la negociación, manteniendo la incertidumbre sobre el futuro de las relaciones bilaterales en el corto plazo.
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