La saturación de estrenos en las salas y plataformas digitales genera una parálisis en los espectadores que condiciona de modo directo el consumo cinematográfico actual.
El volumen de lanzamientos semanales alcanzó un punto crítico que impide a los usuarios realizar un seguimiento ordenado de la oferta disponible. Esta dinámica de producción masiva transformó el simple acto de elegir una película en una experiencia estresante para gran parte del público.
La disponibilidad inabarcable de títulos en los catálogos fomenta una sensación de saturación informativa que suele terminar en el desinterés. Muchos consumidores manifiestan síntomas de ansiedad ante la imposibilidad de decidirse por una opción entre los cientos de alternativas que se renuevan de forma permanente.
La actriz de ‘Cuéntame’ que piensa que revivir la serie por su 25 aniversario es «cargarse su legado»La industria prioriza la cantidad de novedades como herramienta de competencia comercial, aunque el resultado real sea el agotamiento de su propia audiencia. El fenómeno de la parálisis por elección se consolidó como una barrera que aleja a los espectadores de las producciones que requieren mayor atención.
Esta tendencia obliga a revisar los esquemas de distribución y la forma en que las empresas presentan sus contenidos para evitar la pérdida de fidelidad. El modelo imperante de acumulación parece haber dejado de lado la importancia de la curaduría en favor de una rotación constante de nombres y etiquetas.
La rapidez en el recambio de las carteleras atenta contra la vigencia de las obras y la capacidad de reflexión del espectador tradicional. Frente a esta situación, el mercado cinematográfico enfrenta el desafío de recuperar el interés genuino de un público que hoy se siente desbordado por el exceso.
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