El estreno de la comedia The Interview en 2014 desencadenó una crisis geopolítica sin precedentes y el ataque informático más devastador registrado contra un estudio de Hollywood.
La película dirigida y protagonizada por Seth Rogen y James Franco presentaba un complot ficticio para asesinar al líder norcoreano Kim Jong-un. Lo que Sony Pictures proyectó como una sátira comercial terminó transformándose en un conflicto diplomático de escala internacional que involucró directamente a los gobiernos de Estados Unidos y Corea del Norte.
A pocas semanas del lanzamiento oficial, un grupo de piratas informáticos autodenominado Guardians of Peace vulneró la seguridad de los servidores de la compañía. El ataque expuso miles de correos electrónicos privados, salarios de ejecutivos y versiones preliminares de guiones que dañaron la reputación del estudio y de sus figuras principales.
La actriz de ‘Cuéntame’ que piensa que revivir la serie por su 25 aniversario es «cargarse su legado»La situación escaló cuando los atacantes amenazaron con perpetrar atentados contra las salas de cine que decidieran exhibir el largometraje. Ante el riesgo de violencia física y las presiones de las principales cadenas de distribución, Sony optó inicialmente por cancelar el estreno mundial, una decisión que generó un fuerte debate sobre la libertad de expresión.
El FBI vinculó oficialmente el hackeo con el régimen de Pyongyang, marcando un hito en la historia de la ciberseguridad corporativa. Este episodio obligó a la industria del entretenimiento a revisar todos sus protocolos de protección de datos y a evaluar los límites de la parodia política en un mercado global interconectado.
Diez años después, las consecuencias de aquel ataque persisten en la memoria de la industria cinematográfica como un recordatorio de la vulnerabilidad digital. The Interview dejó de ser una simple pieza de humor para convertirse en un símbolo de la tensión entre la libertad creativa y las represalias cibernéticas estatales.
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