Impacto digital del primer derrocamiento en tiempo real
Ni el despliegue de las fuerzas especiales ni la caída del último régimen de la Guerra Fría en la región fueron los verdaderos protagonistas. El centro de este terremoto fue la pantalla: por primera vez, el mundo asistió en tiempo real al colapso de una dictadura y, mientras el continente se debate entre el alivio de la libertad y el pánico por la soberanía vulnerada, la pregunta que envuelve el panorama digital es: ¿Es posible celebrar un logro cuando el proceso rompe todas las reglas?
Para entender por qué hoy el mundo se detiene ante la captura de Nicolás Maduro, no podemos mirar solo el evento de este fin de semana; hay que mirar el rastro de sangre y miseria que dejaron sus 12 años en el poder. No es una cuestión de «preferencia política», son los datos los que hablan
Año nuevo, ¿vida nueva?: La trampa de esperar al 1 de enero – Por Jimena PonceNicolás Maduro es el rostro de la represión. Se registran más de 300 muertes en contextos de protesta y la escalofriante cifra de 18.612 detenciones por motivos políticos desde 2014. Solo en los 15 días posteriores a las elecciones de julio de 2024, hubo 2.400 arrestos. Lo más oscuro: 17 presos políticos fallecieron bajo custodia estatal, un eufemismo para la falta de garantías básicas.
Venezuela protagoniza la segunda mayor crisis migratoria global, solo superada por Siria. Son 7,9 millones de personas las que escaparon, lo que representa casi el 30% de la población total que tenía el país en 2013.
La economía actual es apenas el 28% de lo que era cuando Maduro asumió. Pasaron por una hiperinflación con un pico del 130.060% en 2018 y cierran el 2025 con una proyección del 682%.
Con un 86,9% de pobreza y un 70% de desabastecimiento en insumos de emergencia en salud, la vida se volvió un milagro diario. Los salarios de los catedráticos universitarios llegaron a los $15 mensuales.
A esto se suma el amordazamiento de la verdad, Venezuela cayó al puesto 160 de 180 en libertad de prensa, con la desaparición de más de 100 periódicos, el cierre de 300 emisoras de radio y casi 80 bloqueos a sitios web de noticias tan solo entre 2024 y 2025. Por todo esto, su captura no se siente como un evento político, sino como un acto de justicia ante un prontuario de abusos.
Lo que hace a este hecho distinto a nivel comunicacional es la transparencia forzada. Maduro controlaba las antenas, pero no pudo controlar los satélites. El impacto digital fue total: mientras las señales oficiales intentaban emitir música patriótica, los videos de ciudadanos desde sus balcones mostrando el avance de las tropas estadounidenses y la posterior extracción del líder se volvían virales en TikTok y X.
Vimos al dictador vulnerable, sin el filtro de la televisión estatal. Fue una transmisión descentralizada donde el relato ya no lo impuso un ministerio, sino millones de usuarios compartiendo fragmentos de una realidad que antes se ocultaba bajo el sello de secreto de Estado.
En las redes sociales, el debate no es blanco o negro. No hay dos bandos opuestos, sino una contradicción interna que nos atraviesa a todos. El debate es sobre la priorización de eventos. ¿Es un resultado tan bueno que opaca un proceso erróneo?
Los hilos, posteos y comentarios del mundo digital, se invaden de debates, confrontaciones, acusaciones y discusiones sobre quién tiene la razón, vemos por ejemplo este tipo de conversaciones: «Por fin se terminó la pesadilla. No importa cómo, importa que mis hijos puedan volver a casa», comentaba una madre en un video de TikTok, comentario que desencadenó una serie de respuestas, en dónde una de ellas, y para demostrar la polarización de opiniones, fue: «Festejar una invasión es abrir la caja de Pandora. Mañana vienen por vos si no les gustás. La soberanía no es un adorno», respondía otro usuario.
Las posturas de los presidentes reflejan esta misma tensión. El gobierno argentino celebró la captura como un triunfo de la libertad.

Por otro lado, Yamandú Orsi, presidente de Uruguay, fue claro: «Rechazo a la intervención militar y búsqueda permanente de una salida pacífica a la crisis venezolana. El fin no puede justificar los medios».

En gran parte del debate digital, el argumento principal es la violación de derechos internacionales, lo cuál si es una causa de conflicto geopolítico central, pero la «legalidad» no es un argumento absoluto de bondad. La justicia, a lo largo de la historia de la humanidad, ha apoyado atrocidades. Hubo un tiempo en que era perfectamente legal comprar y vender esclavos, y eso no lo hacía menos nefasto.
Que algo sea legal o ilegal no lo hace automáticamente bueno o malo. Sin embargo, lo que sí sabemos es que la violencia suele engendrar más violencia. Y ese es el nudo gordiano de este conflicto: la detención de un dictador es una buena noticia, pero la intervención militar en territorio ajeno es, por naturaleza, un acto de violencia.
El hecho de que un evento que viola los derechos internacionales genera violencia, y esa violencia genera más violencia, no cabe ninguna duda. Donald Trump hizo una declaración de poder, con un mensaje que se puede traducir como: «tenemos el poder de intervenir cualquier territorio siempre y cuando lo consideremos necesario». El debate entonces, se debe a un acto de violencia que finalizó con una era de violencia, un medio que está siendo justificado por su fin, la captura del dictador Nicolás Maduro, pero esta intervención está lejos de ser un gesto de buena fe para el pueblo venezolano, porque esconde un mensaje, ahora el mando de Venezuela será decidido por Estados Unidos, no había libertad antes y no suena a que haya ahora.
Muchos usuarios venezolanos festejan lo sucedido, no por simpatizar con Donald Trump o su intervención militar, sino por el resultado, el relato es que por más de no celebrar el control de Estados Unidos, si se alegran por la captura de Maduro, lo cuál también siembra una contradicción en sí misma: ¿Se puede estar contento por la captura de Maduro sin apoyar el control de Donald Trump? mientras paralelamente: ¿Se puede apoyar la liberación de Venezuela y el encarcelamiento de Maduro sin apoyar el accionar militar de Estados Unidos? No hay una respuesta correcta.

La apatía recorre las redes sociales. Usuarios que no viven en Venezuela, Argentinos, Mexicanos, Chilenos, etc. Opinan desde una objetividad, que no representa una equivocación, solo significa que, como dicen muchos comentarios, no saben cómo se vivieron internamente todas las atrocidades.

Argumentan que la “manera correcta” para acabar con un gobierno de facto es la sublevación del pueblo, como si hubiera una manera correcta, y leo comentarios de Venezolanos diciendo que eso se intentó por mucho tiempo, pero que a diferencia de otros países no se pudo lograr y ante la resistencia solo recibieron muertos.

Ignorar esto parece que hace responsable al pueblo Venezolano que festeja un logro que no pudieron llevar a cabo solos, y si, es un punto de vista cubierto de subjetividad, pero al fin y al cabo es una opinión válida e incompleta como las demás, pero decirle a un hermano venezolano que se contradice o que no debería estar festejando lo sucedido, cuando para él o ella, por un breve momento, esto representa la liberación, es poco empático.

Por otro lado, el argumento de que esto no es un acto de bondad, también es totalmente válido, ya que si bien el encarcelamiento y captura de un dictador siempre será una buena noticia y un acto de libertad, la intervención militar de un país en otro país siempre será un acto de violencia que trae consigo otros actos de violencia, eso marca un precedente, trae consecuencias, y eso no son opiniones, son hechos, hechos respaldados por la historia de la humanidad, la violencia siempre fue respondida con más violencia, en igual o mayor medida. Putin dijo que algunos festejan la intervención de Estados Unidos pero cuando él invadió Ucrania para «defender su territorio» fue un acto de guerra.

Y aunque es irónico que Putin habla de guerra, eso no significa que de repente estamos de acuerdo con Putin, pero sí tiene un punto, demostrando que, a veces, el fin sí justifica los medios, o solo ante la opinión pública. El 3 de enero ocurrió un hecho que marcó un precedente, un hecho que es celebrado y rechazado por uno o por otro usuario, que ante los ojos ajenos es un acto violento y ante los ojos locales un motivo de celebración, un hecho que genera una contradicción, festejar un resultado sin apoyar los medios, y abogar por una liberación para que cuando suceda se rechace la acción que genera esa supuesta libertad. En esta nota de opinión no vas a leer una respuesta definitiva, ya que la opinión es la actitud de una persona hacia un objeto determinado que está influida por su interés directo, valores individuales, gustos y sentimientos. Es decir, la opinión está influenciada de subjetividad, de humanidad, y como humanos solo tenemos opiniones.
El impacto digital muestra que las opiniones están divididas y, como parte del ser humano, están llenas de contradicciones. Ante un acto internacionalmente alarmante, para bien o para mal, una respuesta posible es el apoyo entre países, entre pueblos; que las opiniones no rompan lazos y que no se suelten manos.
Dejemos festejar a los que festejan, no culpemos a nadie, abracemos la empatía, pero no perdamos el foco en lo importante. Los hechos ya los abordamos, las consecuencias que esto traerá son claras: cualquier intervención militar a un territorio ajeno es y siempre será, una declaración de guerra.



