Podemos decir que el show de Bad Bunny en el Super Bowl fue histórico, no solo por la música, sino porque logró reunir el contexto sociopolítico con una narrativa personal que logra lo más difícil: interpelar al corazón.
Con esto último quiero ser visceral, ¿cómo no te llega al corazón ver eso? Realmente, no podés no sentirte identificado/a con nada de lo que él mostró anoche (o ayer a la tarde en Estados Unidos) en el Levi’s Stadium, desde el niño que recibe el Grammy de las propias manos de Benito, hasta el final donde nombra cada país de nuestro continente.
El análisis es complejo, debo admitir que probablemente estoy escribiendo esto sumamente interpelado por el mensaje, tanto que decidí hacerlo para volcar algo de lo que sentí mientras veía ese show. Un deseo que es tan espontáneo que no tiene estructura alguna ni pregunta base, y eso que se me cruzan miles. ¿El arte es político? (Spoiler: Si) ¿Por qué me interpela tanto un show de 13 minutos a miles de kilómetros de distancia de mi casa? ¿Estoy viendo realmente un cambio de época? Muchas preguntas, algunas no tengo ni idea de cómo hacer para responderlas.
La agresiva medida del Gobierno de México que creará 2.000 nuevos puestos de empleo y frenará el éxodo de producciones«Dato de color: La pareja que se casó durante el show no estaba actuando, realmente se estaban casando. La pareja había invitado al artista a su casamiento, él decidió proponer otra cosa, que se casen durante el espectáculo en el Super Bowl»
Ahora, creo que entiendo por qué esto que vimos es realmente histórico. Mucho se habló del anterior show del Super Bowl que protagonizó Kendrick Lamar, análisis al mensaje, videos que repasan cómo lo llevaron técnicamente a cabo, el contexto de la pelea de Kendrick con Drake, pero no dejaban de ser estadounidenses “contra” estadounidenses. El escenario más grande de su país era ocupado siempre por gente de su propio país y cuando no eran de ahí se la tenían que ingeniar para que ellos lo entendieran (hablando en inglés, suavizando el mensaje, etcétera).
Pero ahora, esto era nosotros cómo protagonistas hablándoles y ellos ahora tienen que activar los subtítulos para entender cuál es nuestro mensaje. Y esto tiene que ser así, tiene que ser en ese escenario, en ese lugar. Sino no tendría el poder que tiene.
«Dato de color 2: En un momento del espectáculo, una señora le entrega un pequeño shot a Bad Bunny, esa mujer es Toñita dueña del Caribbean Social Club de Brooklyn, uno de los últimos clubes sociales puertorriqueños que quedan en Nueva York y una figura icónica de la ciudad.»
Benito fue a representarnos a nosotros, que dormimos de chiquitos en dos sillas juntas que oficiaban de cama, que nos reunimos con nuestros pares no importa si hay o no plata para costearlo, que estuvimos en incontables fiestas rodeados de niños y adultos bailando y disfrutando juntos.
Me gusta pensar que Bad Bunny fue a representar lo que se me ocurrió llamar “El Sueño LATINOamericano” que es simplemente desear que no nos pase lo que Benito denunció con Hawái: El olvido y el desplazamiento, y que las cosas que si nos pasen sean buenas, para así festejarlo alrededor de los nuestros, sin importar quiénes ni cómo sean.



