El presidente de Estados Unidos declaró que la fuerza nacional es prioritaria sobre los tratados internacionales y que su autoridad solo se detiene en su propia voluntad.
El Presidente de Estados Unidos volvió a desafiar el orden jurídico global al asegurar que el derecho internacional no es una necesidad para la política exterior de su administración. Las declaraciones, emitidas durante un acto oficial, implican un quiebre directo con décadas de política exterior basada en el multilateralismo y el respeto a los acuerdos globales.
El mandatario especificó que la autoridad presidencial solo encuentra un límite en su “propia mente”, situando la fuerza y la voluntad nacional por encima de cualquier tratado o alianza preexistente. Esta postura redefine unilateralmente el margen de acción de Washington en el escenario global y genera profunda inquietud entre sus socios históricos.
Intervención de Venezuela: Gustavo Petro recibirá a la presidenta interina Delcy Rodriguez en ColombiaEn el plano de las acciones directas, el presidente ratificó y defendió la operación de captura iniciada contra el líder venezolano Nicolás Maduro. Subrayó que este tipo de decisiones responden exclusivamente a intereses de seguridad nacional y no requieren la validación de organismos supranacionales.
Asimismo, la Casa Blanca insistió en su interés por adquirir Groenlandia, territorio autónomo danés, a pesar del rechazo explícito manifestado por Copenhague en oportunidades anteriores. La reafirmación de esta intención territorial complica las relaciones bilaterales con Dinamarca, un aliado estratégico en la OTAN.
Los pronunciamientos marcan un endurecimiento de la doctrina de política exterior, confirmando una tendencia hacia el poder hegemónico no regulado. Estas afirmaciones tensan los vínculos diplomáticos y obligan a los organismos internacionales a reevaluar la estabilidad de los marcos de gobernanza vigentes.
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