El drama psicológico se centra en la espiral de vulnerabilidad de una madre forzada a sostener un colapso familiar inminente.
Linda es el eje de una nueva propuesta cinematográfica que aborda la fragilidad de la estructura familiar ante la adversidad extrema. La trama se inicia con el diagnóstico de su hija, una condición médica inusual que actúa como catalizador de la crisis psicológica de la protagonista. Este hecho redefine inmediatamente el entorno doméstico y las prioridades de la narrativa central.
A la preocupación por la salud se suma la disolución del soporte conyugal. La ausencia del marido de Linda, descrita como inexplicable y deliberada, la deja sin una red de contención emocional o económica, intensificando el peso de la responsabilidad sobre ella. Paralelamente, la incomodidad habitacional no es solo una cuestión logística, sino un reflejo del estado de desorden interno que enfrenta la familia.
Premios Goya 2026: Lista completa de nominadosLa búsqueda de ayuda profesional, lejos de ofrecer el alivio esperado, introduce otra fuente de tensión. La relación abiertamente disfuncional con su terapeuta, la única figura externa que podría intervenir en su proceso, agrava su aislamiento. Esta dinámica sugiere que las vías de escape a su deterioro psicológico se encuentran cerradas o son inaccesibles.
El guion superpone estos elementos—la enfermedad, el abandono, la hostilidad del entorno y la falta de empatía terapéutica—para construir un retrato de presión sostenida. La protagonista se encuentra al límite de sus recursos emocionales y físicos, en un punto donde la implosión personal parece ser la única conclusión posible al cúmulo de adversidades.
La obra se establece como un estudio introspectivo sobre los límites de la resistencia humana. El conflicto de Linda no reside únicamente en los obstáculos externos que debe sortear, sino en cómo su incapacidad para establecer conexiones de apoyo sólidas precipita su inminente derrumbe emocional.
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